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Un país pequeño, que dolarizó su economía cuando despuntaba el siglo XXI se lanza en un experimento nacional, sin estudios previos, y se convierte en el primero, en el mundo, en adoptar bitcoin como moneda oficial… Lo que hace El Salvador con bitcoin suena como un escenario de ensueño… o de pesadilla.

Desde comprar una Coca-Cola hasta pagar sus impuestos, todo es posible si usted vive en El Salvador… y tiene bitcoins.

Y, bueno, todos tienen, porque como parte del experimento, el Gobierno compró 400 bitcoins y ofreció darle una billetera digital a cada ciudadano, con el equivalente a 30 dólares en esa criptomoneda.

Pero en realidad, no todos tienen porque las billeteras se podían crear simplemente con el número de documento y ninguna medida de protección adicional, lo que abrió la puerta a numerosas denuncias de fraude.

El Gobierno salvadoreño, de hecho, desconectó la billetera el mismo martes para atender “problemas técnicos”.

Y en el acontecimiento más inesperado, el precio del bitcóin se desplomó un 17 por ciento ese mismo día, llegando a lo que sería su valor más bajo en un mes.

El Gobierno, lejos de mostrar mesura con una compra que acababa de perder casi la quinta parte de su valor el día del estreno, compró otras 150 monedas.

La cosa con el experimento de El Salvador no es su probabilidad de éxito o de fracaso sino, precisamente, la imposibilidad de predecir el resultado. Aunque sin duda admirable que un país entienda el potencial de las criptomonedas si se masifica su uso, los riesgos son descomunales.

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, asegura que la medida promoverá la inversión extranjera y no duda en enumerar sus múltiples beneficios.

Pero lo cierto es que no ha mostrado un solo estudio que sugiera que será así y todo el proyecto se ha movido con sospechosa agilidad.

¿Qué tan sospechosa? Pues el proyecto fue anunciado por el propio presidente en junio. Le tomó apenas tres días al Congreso -que por supuesto está bajo su control- aprobar una ley general que trazó el camino para la adopción nacional del bitcoin en 90 días

Hace apenas una semana, la policía salvadoreña arrestó a Mario Gómez, un experto en criptomonedas que criticó la medida. Lo liberó unas horas después, pero la medida fue vista como un acto intimidatorio.

Como es ley, la adopción del bitcoin no es opcional. Toda persona o establecimiento que venda productos o servicios en El Salvador está -en teoría- obligado a aceptar Bitcoin como medio de pago. Digo ‘en teoría’ porque claramente la tecnología para que eso sea posible está lejos de haberse masificado.

¿Cómo afectará al comercio, a la banca, a los empleados, empleadores, inversionistas, emprendedores, un paso a una moneda tan volátil como esta? Literalmente podrían crearse y desaparecer fortunas en días, o incluso horas. El Gobierno dice que puede conjurar ese riesgo comprometiéndose a comprar los bitcoins al instante, al cambio vigente al dólar.

Por añadidura, el presidente lanzó una invitación abierta para que aquellos que tiene bitcoin, en cualquier lugar del mundo, los muevan a El Salvador, lo que crea sospechas de que el país pueda terminar por convertirse en un paraíso fiscal o en un refugio de ciberdelincuencia, o de transacciones dudosas o de plano ilegales.

A nadie le gusta

Lo más extraño de esta historia es que, por fuera del gobierno Bukele, a nadie parece gustarle.

No le gusta a expertos como el mencionado Gómez, no le gusta a la oposición, no le gusta a la comunidad financiera internacional y no le gusta a una considerable porción de los salvadoreños.

Las encuestas de opinión muestran una clara mayoría en contra de la idea y ha habido al menos dos protestas importantes en San Salvador desde que la Asamblea Legislativa aprobó el proyecto de ley.

El FMI ha advertido que la adopción de criptomonedas como moneda de curso legal crea riesgos para la estabilidad macroeconómica, la integridad financiera, la protección del consumidor y hasta el medio ambiente, toda vez que ‘minar’ bitcoins consume extravagantes cantidades de electricidad.

El consumo de energía que se destina para la ‘minería’ de bitcóin alcanza los 123,77 teravatios-hora (TWh), lo que -si fuera un país- equivaldría a casi el doble del consumo anual de Colombia y ubicaría a esa divisa al nivel de Noruega o Argentina.

Por esos motivos, el Banco Mundial rechazó una solicitud para asesorar a El Salvador en su programa de bitcoin. La agencia de calificación de riesgo estadounidense Moody’s rebajó la calificación de la deuda del país a territorio basura. Por los últimos 20 años, desde que dolarizó su economía, la nación centroamericana ha disfrutado de una baja inflación y estabilidad económica.

Ahora los expertos auguran la posibilidad muy real de que si la apuesta falla, se vea abocada a un ‘corralito’ como el de Argentina a comienzos de siglo.

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