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Todo comenzó en una playa…

Cuando Jennifer Knoll, que por entonces usaba su apellido de soltera, se sentó a mirar el horizonte en una playa de Bora Bora, lo último en su mente era cambiar al mundo.

Pero hoy, treinta años después de que la escena de su espalda desnuda y su perfecto bronceado contra el azul cristalino del Pacífico Sur pasara a la historia como la primera foto ‘photoshopeada’, pocos dudarían de que eso fue exactamente lo que hizo.

La foto que le tomó su novio, John Knoll, llegó a ser conocida como ‘Jennifer en el paraíso’. Con ella, incontables artistas, diseñadores y creativos conocieron lo que podía hacer una nueva herramienta llamada ‘Photoshop’.

En 1987, cuando fue capturada la imagen, Jennifer y John trabajaban en Industrial Light & Magic, la hoy legendaria empresa de efectos visuales creada por George Lucas.

John le propuso matrimonio esa tarde. Ella dijo que sí.

ILM trabajaba en proyectos de punta (de hecho, Jennifer y John acaban de terminar su trabajo en Quién engañó a Roger Rabbit) y experimentaba con formas de alterar digitalmente las imágenes. Pero las técnicas disponibles requerían del tipo de hardware más potente y costoso, operado por técnicos entrenados hasta el cansancio. Era posible transformar las imágenes, pero todo estaba aún lejos del presupuesto de los simples mortales.

Knoll comenzó a colaborar con su hermano Thomas en un sistema que permitía resultados similares, pero con no más poder que el de una Macintosh Plus. A medida que el programa se hacía más robusto y versátil, los Knoll se dieron cuenta de que tenían algo que podían vender.

Pero para vender, había que demostrar. Y a diferencia de la época actual en la que las imágenes digitales nos rodean y nos abruman, en 1990 era difícil hallar una foto digital para trabajar. John pidió prestado un escáner en Apple y digitalizó la foto más bonita que tenía a mano: la de Jennifer en topless, mirando el mar.

La era del Photoshop

Tomaría casi dos décadas y numerosas versiones, pero el ascenso de Photoshop está expresado no sólo en su acogida (muy por encima de sus rivales e imitadores), sino en el hecho de que hoy el nombre del producto se usa como verbo y, de hecho, aparece en el diccionario Merriam-Webster.

En 2007, la expresión ‘photoshopear’ se hizo popular, al punto de aparecer en medios tan tradicionales como The New York Times y tan modernas como Wired. Con su ascenso vino también el debate sobre esta práctica, asociada a menudo con la promoción de estándares irreales de belleza en publicaciones de moda y estilo y, sobre todo, en piezas publicitarias.

Pero el éxito de Photoshop no era inevitable. Los expertos recuerdan que no era ni el único procesador de imágenes, ni necesariamente el mejor. Complicado, no muy amigable y, sobre todo, costoso, eran descriptores que podían aplicarse al producto de Adobe.

Y, en todo caso, la manipulación de fotos no es un invento de la era digital, sino que nació casi al tiempo con las cámaras de rollo.

What dreams may come…

En una ironía -esta sí, muy propia de la era digital-, puede que la razón del éxito de ventas de este software haya venido de la fuente más improbable: la piratería.

A punta de copias piratas, Photoshop estaba en todas partes y pronto surgió una comunidad de usuarios -legales e ilegales- que lo tenían como el referente de la industria.

Adobe se benefició de este hecho, pero no por eso dejó de luchar contra la piratería. Al día de hoy, la firma no condona el uso del nombre como verbo, por miedo a perder lo que, en últimas, es una marca registrada.

En sus comunicaciones oficiales, la firma ha sugerido no usar la expresión ‘photoshopeada’, y remplazarla por ‘modificada usando Adobe® Photoshop®’.

Qué aburrido. ¿Qué diría la Jennifer de 1987?

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